El alumno salta hacia el enigma

Revista Cultural La Vasija

Lectura de un libro

En febrero de 1969, pocas semanas después de la muerte de Alfonso Cortés, Pablo Antonio Cuadra publicó uno de los ensayos más decisivos para comprender su lugar dentro de la poesía nicaragüense:

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Pablo Antonio Cuadra sobre Alfonso Cortés

En febrero de 1969, pocas semanas después de la muerte de Alfonso Cortés, Pablo Antonio Cuadra publicó uno de los ensayos más decisivos para comprender su lugar dentro de la poesía nicaragüense:

«Alfonso, discípulo del Centauro Quirón».

No se trata solamente de un homenaje póstumo.

Es una interpretación total de la obra de Cortés.

Cuadra intenta responder una pregunta de fondo: ¿de dónde nace esa poesía obsesionada con las cosas, el misterio, la piedra, la materia, el espacio y aquello que parece existir detrás de lo visible?

Su respuesta comienza en Rubén Darío.

El maestro del enigma

Cuadra encuentra el punto de partida de Alfonso Cortés en el «Coloquio de los Centauros».

Allí aparece Quirón, el centauro sabio, como figura que plantea una visión decisiva:

las cosas tienen vida,

las formas esconden sentidos,

la realidad posee cifras,

gestos,

miradas,

enigmas.

Según Cuadra, Alfonso Cortés recibe esa pregunta y ya no logra abandonarla.

Escribe:

«Es el país de la obsesión.»

Y compara su recorrido con el de Sísifo:

el poeta vuelve una y otra vez a las mismas preguntas, sube la misma montaña y regresa al mismo misterio.

La primera piedra

Uno de los momentos más poderosos del ensayo aparece cuando Cuadra contrapone a Rubén Darío con Alfonso Cortés.

Darío había escrito:

«Dichoso el árbol que es apenas sensitivo

y más la piedra dura porque esa ya no siente…»

Para Cuadra, esa es la mirada exterior.

Alfonso Cortés hace lo contrario.

Salta al otro lado.

No contempla la piedra desde fuera: intenta penetrar su misterio.

Y por eso Cuadra afirma:

«Alfonso es el primer gran poeta metafísico que produce Centroamérica.»

Esta definición sería fundamental para la posterior consagración crítica de Cortés.

Para Pablo Antonio Cuadra, la poesía de Alfonso ya no describe simplemente la realidad.

La interroga.

La fuerza.

La obliga a hablar.

Darío → quirón → alfonso cortés

Esa es la genealogía central del ensayo.

Darío abre la puerta del Enigma.

Quirón formula la pregunta.

Alfonso Cortés entra.

Y, en palabras de Cuadra, el alumno:

«salta hacia el Enigma».

No volverá.

Baudelaire, segundo maestro

El ensayo no se detiene en Darío.

Cuadra identifica también a Baudelaire como otro de los grandes maestros de Cortés.

Con él aparece la intuición de que el mundo visible es apenas una superficie y que entre las cosas existen correspondencias, señales y relaciones secretas.

De ahí la cercanía de Alfonso con ciertas corrientes simbolistas, alquímicas y postmodernistas.

Pero lo importante no está en la ornamentación esotérica.

Está en una idea mucho más profunda:

la materia posee sentido.

La naturaleza verbal del mundo

Cuadra encuentra en Cortés una verdadera metafísica de la palabra.

Lo muestra a través de «La flor del fruto», donde Alfonso escribe:

«La sangre dulce que en la lengua estalla

al exprimir la carne de una fruta

es la palabra viva y absoluta

en que cada árbol su virtud ensaya.»

Aquí la fruta no es solamente fruta.

La savia no es solamente materia.

La realidad parece contener lenguaje.

Las cosas hablan.

La piedra piensa.

El fruto pronuncia.

El mundo entero parece estar esperando ser leído.

Ese es uno de los grandes descubrimientos que Pablo Antonio Cuadra atribuye a Alfonso Cortés.

Cinco movimientos del ensayo

El texto está organizado en cinco grandes núcleos:

1. El Maestro del Enigma

2. La Primera Piedra

3. Su Segundo Maestro

4. En la vieja corriente de los Alquimistas

5. La Naturaleza Verbal del Mundo

A través de ellos, Cuadra construye una interpretación completa de Cortés como poeta metafísico.

No lo presenta únicamente como una figura excéntrica ni como el poeta marcado por la enfermedad.

Lo sitúa dentro de una tradición intelectual y poética:

Rubén Darío.

Baudelaire.

El simbolismo.

La alquimia.

La metafísica de la palabra.

Febrero de 1969

Alfonso Cortés había muerto el 3 de febrero de 1969.

Ese mismo mes, la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano publicó el ensayo de Pablo Antonio Cuadra como parte de un homenaje póstumo.

El texto apareció en el Vol. XX, N.º 101, pp. 24–27.

Su importancia es enorme porque contribuyó decisivamente a fijar una lectura que todavía hoy acompaña a Cortés:

la del poeta del Enigma.

La del hombre que no se conformó con mirar las cosas.

Quiso saber qué había dentro de ellas.

En La Biblioteca Oculta de los Textos Perdidos recuperamos este ensayo no solo como homenaje, sino como una de las piezas críticas fundamentales para comprender a Alfonso Cortés.

Porque algunos poetas describen el mundo.

Otros lo interrogan.

Y unos pocos, como Cortés, intentan escuchar lo que el mundo dice cuando nadie más lo oye.

Fuente:

Pablo Antonio Cuadra, «Alfonso, discípulo del Centauro Quirón», Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Vol. XX, N.º 101, febrero de 1969, pp. 24–27.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza