El toque

Revista Cultural La Vasija

Lectura

Una lectura de José Coronel Urtecho y el momento en que Pablo Antonio Cuadra decidió comenzar de nuevo.

EL DÍA EN QUE PABLO ANTONIO CUADRA ROMPIÓ SUS PRIMEROS POEMAS Y COMENZÓ DE NUEVO

Hay momentos en la formación de un escritor que parecen pequeños mientras ocurren, pero que terminan dividiendo una vida en dos.

Pablo Antonio Cuadra situó uno de esos momentos en Granada, en 1927.

Entonces era todavía un adolescente que había aprendido a contar con los dedos las sílabas del verso y escribía bajo la fuerte influencia sentimental de Amado Nervo, instalado —como recordaría después con ironía— en «lo más nervoso y excesivo de su tristesidad».

Ese año, en el Colegio Centroamérica, el padre Jaime Castiella organizó un recital de antigua poesía española. José Coronel Urtecho, recién llegado de Estados Unidos, tuvo a su cargo la lectura de Berceo, el Romancero, el Arcipreste y la lírica popular de los primeros siglos de nuestra lengua.

Y algo cambió.

Cuadra no recordaría solamente los poemas, sino la manera en que Coronel los hacía vivir: el sentido de las palabras, su gracia ingenua, su juego y su danza.

Aquella lectura fue una revelación.

Tan profunda que el joven poeta tomó una decisión radical: rompió el álbum donde guardaba sus primeros versos —sus «dolorosos y amados primeros poemas»— y empezó desde ese mismo día un nuevo cuaderno.

Le puso un título que parecía anunciar toda una transformación:

«SENCILLAMENTE».

No se trataba únicamente de cambiar de influencias. Cuadra comenzaba a descubrir que la poesía podía ser algo distinto de la confesión sentimental: podía ser música, juego, tradición, distancia, ironía y libertad verbal.

En el centro de aquella experiencia quedó también una antigua canción:

«Tres morillas me enamoran

en Jaén:

Axa, Fátima y Marién».

Cuarenta y siete años después, en 1974, Pablo Antonio Cuadra viajaba con Luis Rosales camino de Jaén. Tras una lectura de poemas, varias jóvenes se acercaron a pedir autógrafos.

Cuadra preguntó el nombre de una muchacha pequeña y morena, de ojos negros.

—«Fátima» —respondió ella.

El recuerdo cerraba entonces un círculo iniciado casi medio siglo antes.

En 1976, Cuadra convirtió aquella memoria en «El Toque», texto publicado en la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano dentro del número dedicado a los setenta años de José Coronel Urtecho.

Era también una forma de agradecer.

Porque a veces un maestro no nos entrega una respuesta: nos enseña a escuchar de otra manera.

Y una tarde de 1927, mientras José Coronel Urtecho leía antiguos versos españoles en Granada, Pablo Antonio Cuadra comprendió que debía comenzar otra vez.

La literatura también conserva estos instantes: el momento en que una lectura, una voz o unas pocas palabras cambian para siempre la dirección de un escritor.

Fuentes

Pablo Antonio Cuadra, «El Toque», Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, vol. XXXI, n.º 150, enero–mayo de 1976, pp. 43–44.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza