Las voces que cantaron a Nicaragua

Revista Cultural La Vasija

Lectura

Romances y corridos nicaragüenses en la recopilación de Ernesto Mejía Sánchez.

En esta lectura

¿Quiénes conservaron la poesía de Nicaragua antes de que sus versos llegaran a los libros?

Durante generaciones, hombres y mujeres transmitieron mediante el canto historias de amor, guerras, despedidas, aventuras, personajes populares y acontecimientos que formaban parte de la memoria de sus comunidades.

Aquellos versos sobrevivieron en las voces de nuestros antepasados, pasando de una generación a otra, transformándose con el tiempo y adquiriendo características propias de nuestra tierra.

Una parte fundamental de ese patrimonio fue estudiada y recopilada por Ernesto Mejía Sánchez (1923–1985), poeta, crítico e investigador nicaragüense, en su obra Romances y corridos nicaragüenses.

Publicada originalmente en México en 1946 y recuperada en noviembre de 1966 por la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, esta investigación constituye un valioso testimonio de nuestra tradición poética popular.

32 COMPOSICIONES DE LA MEMORIA NICARAGÜENSE

En su estudio, Mejía Sánchez reunió:

16 romances tradicionales.

16 corridos nacionales.

La selección comprende composiciones de diferentes temas y procedencias, incluyendo versiones conservadas en distintas regiones del país.

Algunas fueron publicadas por primera vez dentro del trabajo de recuperación del investigador.

Su importancia reside no solamente en los textos recopilados, sino también en el análisis de sus orígenes, transformaciones, variantes regionales y formas de transmisión.

DEL ROMANCE ESPAÑOL A LA VOZ NICARAGÜENSE

El romance constituye una de las formas más antiguas y persistentes de la poesía popular hispánica.

Transmitido mediante la memoria y el canto, llegó a América y encontró nuevas formas de expresión en las comunidades que lo conservaron.

En Nicaragua, aquellas composiciones adoptaron variantes lingüísticas, argumentos y giros propios de la tradición local.

Mejía Sánchez estudió este proceso, demostrando cómo los antiguos relatos cantados continuaban presentes en las costumbres populares.

Los corridos nacionales, por su parte, conservaron episodios históricos, acontecimientos políticos, historias sentimentales y personajes pertenecientes al imaginario colectivo.

Ambas tradiciones muestran una dimensión esencial de nuestra literatura: la poesía que existe fuera de los libros y permanece viva en las voces del pueblo.

«LAS SEÑAS DEL ESPOSO»: EL ROMANCE DE LA ESPERA

Entre las composiciones recogidas destaca «Las señas del esposo», una historia transmitida en diferentes versiones.

En ella, una mujer interroga a un soldado que regresa de la guerra y le pregunta por su marido ausente.

«¿No me ha visto a mi marido?»

A partir de esta pregunta se desarrolla un diálogo donde aparecen el amor, la incertidumbre, la ausencia y las noticias de la guerra.

La investigación documenta distintas versiones de este romance, algunas con variaciones significativas en su desenlace.

Entre las voces que contribuyeron a conservarlo figura Brígida Bustamante, de Granada, quien transmitió una de las versiones recogidas.

Este detalle es especialmente importante: detrás de cada romance conservado existe también la memoria de una persona que lo aprendió, recordó y transmitió.

LOS CANTOS DE LA INFANCIA

La recopilación también incluye composiciones vinculadas con los juegos y las canciones infantiles, como «Hilito de oro» y «El Señor Don Gato».

Estos textos nos recuerdan que la poesía popular no pertenecía exclusivamente a los cantores adultos.

También acompañaba los juegos, las rondas y las primeras experiencias musicales de los niños.

Su musicalidad, sus repeticiones y sus imágenes permitieron que muchos versos permanecieran durante generaciones en la memoria familiar.

EL GÜEGÜENCE Y LAS RAÍCES DEL CANTO POPULAR

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es su relación con otras expresiones del patrimonio nicaragüense.

Mejía Sánchez señala que en El Güegüence, obra fundamental de nuestro teatro colonial, aparecen referencias a corridos y villancicos.

Esta observación permite comprender que el canto popular formaba parte de un universo cultural más amplio, donde convivían la música, la poesía, el teatro y la tradición oral.

Asimismo, el investigador examina testimonios de viajeros extranjeros del siglo XIX y trabajos posteriores dedicados al folclore nacional.

EL RESCATE DOCUMENTAL DE 1966

En noviembre de 1966, la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano publicó «Romances y corridos nicaragüenses» dentro de su número 74, dedicado a «Faz y Antifaz del Humor Nicaragüense».

La publicación formó parte de un importante esfuerzo editorial por reunir expresiones de la cultura popular, junto con estudios sobre El Güegüence, las adivinanzas, los cuentos tradicionales y otras manifestaciones del ingenio nacional.

El trabajo de Mejía Sánchez permite conocer no solamente los poemas, sino también las personas y las comunidades que contribuyeron a conservarlos.

LA POESÍA QUE SOBREVIVE EN LA MEMORIA

El valor de esta investigación va más allá de sus 32 composiciones.

Nos recuerda que la literatura nicaragüense no se construyó únicamente mediante los grandes escritores y las obras impresas.

También nació en las canciones de nuestras comunidades, en las voces de las familias, en los juegos de la infancia y en los relatos transmitidos de generación en generación.

Cada romance conserva una historia.

Cada corrido guarda una experiencia colectiva.

Y cada versión popular demuestra que la tradición literaria es una memoria viva, capaz de transformarse sin desaparecer.

Fuentes

Ernesto Mejía Sánchez, Romances y corridos nicaragüenses. Primera edición: México, Imprenta Universitaria, 1946. Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Vol. 15, N.º 74, noviembre de 1966, pp. 29–43. Número monográfico: «Faz y Antifaz del Humor Nicaragüense».

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza