Veíamos por el zaguán a Alfonso Cortés encadenado
La memoria de Ernesto Cardenal sobre Alfonso Cortés, el poeta del enigma.
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En febrero de 1969, pocos días después de la muerte de Alfonso Cortés, Ernesto Cardenal publicó uno de los testimonios más intensos y reveladores que existen sobre el poeta leonés.
El ensayo se titula simplemente «Alfonso Cortés» y apareció en la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Vol. XX, N.º 101, pp. 27–33, como parte del homenaje póstumo dedicado al autor de «Ventana».
Cardenal no escribe desde la distancia.
Escribe desde la memoria.
Cuando era niño, estudiaba en el colegio de los Hermanos Cristianos, en Las Cuatro Esquinas de León, frente a la vieja casa asociada a Rubén Darío.
Desde allí veía a Alfonso Cortés.
Lo recuerda al fondo de un corredor sombrío.
Encadenado.
La imagen quedó grabada para siempre:
«Veíamos por el zaguán al fondo de un corredor sombrío a Alfonso Cortés encadenado, con una cadena atada a una viga del techo.»
Cardenal tenía apenas ocho años.
Una sirvienta de su casa le había dicho que aquel hombre era un «poeta loco».
Y un día ocurrió algo que intensificó todavía más la impresión infantil: Alfonso logró soltarse y entró al patio del colegio donde jugaban los niños. Después llegaron guardias y se lo llevaron esposado.
Aquella escena no desapareció de la memoria de Cardenal.
Décadas más tarde, reapareció convertida en literatura.
DOS GRANDES POETAS EN LA MISMA CASA
Cardenal abre el ensayo con una observación extraordinaria:
Rubén Darío y Alfonso Cortés, dos figuras fundamentales de la poesía nicaragüense, estuvieron unidos también por un mismo espacio.
La vieja casa de la infancia de Darío fue después habitada por Alfonso Cortés.
Allí escribió parte de su obra.
Allí vivió algunos de los años más difíciles de su vida.
Y allí quedó fijada una de las imágenes más perturbadoras de nuestra memoria literaria: el poeta encadenado dentro de la casa del poeta nacional.
LA HISTORIA DE «VENTANA»
El ensayo también conserva un episodio central para la recepción de Cortés.
José Coronel Urtecho fue uno de los primeros en reconocer el extraordinario valor de un poema originalmente titulado «Un Detalle».
Fue Coronel quien comenzó a llamarlo:
«Ventana».
Y formuló una pregunta desmesurada, pero reveladora del impacto que aquel texto produjo en la Vanguardia:
«¿Será esta la más bella poesía de la lengua española?»
Desde entonces, «Ventana» se convirtió en una de las piezas esenciales del canon poético nicaragüense.
Cardenal reconstruye además las explicaciones cambiantes que Cortés dio sobre el poema, mostrando hasta qué punto su escritura se movía entre experiencia, símbolo y pensamiento.
LOCURA Y POESÍA
Uno de los pasajes más delicados del ensayo es aquel en que Cardenal intenta pensar la relación entre la enfermedad de Cortés y su obra.
Escribe:
«Yo creo en efecto que literatura y locura han sido una misma cosa en él.»
Y agrega:
«Locura y poesía arrancan en él de la misma raíz oscura.»
Cardenal no reduce a Cortés a una anécdota biográfica.
Lo que intenta comprender es cómo una experiencia extrema del mundo pudo convivir con una poesía igualmente extrema en su búsqueda del espacio, el tiempo, el origen y la eternidad.
DOS IDEAS DE ALFONSO CORTÉS
El ensayo conserva además dos afirmaciones que Cardenal escuchó directamente del poeta en el Manicomio.
Cortés le explicó que en «La canción del espacio» había querido desarrollar dos conceptos:
«Como si quisiera llegar a la Eternidad media hora antes que el tiempo.»
Y:
«El Origen de las cosas no es anterior sino permanente.»
Son dos frases de una profundidad extraordinaria.
La primera rompe la lógica cronológica.
La segunda propone que el origen no pertenece únicamente al pasado: continúa ocurriendo.
Aquí aparece nuevamente el Alfonso metafísico que Pablo Antonio Cuadra había descrito en el ensayo que precede a este texto dentro del mismo número de la revista.
UN DOSSIER FUNDAMENTAL
La entrega forma parte de uno de los documentos críticos más importantes sobre Alfonso Cortés.
Primero, Pablo Antonio Cuadra lo interpreta como discípulo del Centauro Quirón y «primer gran poeta metafísico que produce Centroamérica».
Después, Ernesto Cardenal aporta la memoria.
La experiencia.
La voz del testigo.
Uno explica el Enigma.
El otro recuerda al hombre.
Y entre ambos aparece un retrato extraordinariamente complejo de Alfonso Cortés.
Fuentes
Ernesto Cardenal, «Alfonso Cortés», Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Vol. XX, N.º 101, febrero de 1969, pp. 27–33.