David McField: vida y obra de una voz del Caribe

Revista Cultural La Vasija

Dossier

Un dossier sobre la vida, los libros, la música y la voz afrocaribeña de David McField, acompañado por una selección poética.

En esta lectura

Un homenaje: la palabra que nos reúne

Querido lector, la poesía nicaragüense despide a David McField Richards. Su fallecimiento, este 29 de octubre de 2026, nos convoca a volver sobre una trayectoria en la que confluyeron la creación literaria, la música, la enseñanza y la afirmación de la identidad afrocaribeña. Desde Revista Cultural La Vasija dedicamos esta entrega de Los Imprescindibles · Dossier Cultural a su memoria, con el propósito de acercar su nombre y su escritura a quienes lo han leído y a quienes encontrarán por primera vez una puerta de entrada a sus libros.

Recordar a un poeta exige abrir nuevamente sus páginas. En el caso de McField, significa también escuchar: atender a la relación de sus versos con la canción, a la presencia de la cultura creole y a una experiencia del país nacida en la Costa Caribe. Su obra nos invita a reconocer una Nicaragua de varias lenguas, memorias y tradiciones, cuya riqueza necesita lectores capaces de acercarse a esas diferencias con curiosidad y respeto.

Este homenaje nace del pesar por su partida y de una responsabilidad editorial: contribuir a que su obra siga circulando. Queremos acompañar el recuerdo con la lectura, situar sus libros en su contexto y reconocer al hombre que hizo de la palabra una forma de compartir su procedencia, sus afectos y sus convicciones.

Vida y obra: del caribe a la página y al canto

David McField nació en El Rama el 6 de octubre de 1936. Parte de su formación transcurrió en Bluefields, en el Colegio Moravo, donde desarrolló tempranamente su interés por la música y la poesía. Más adelante se trasladó a Managua, estudió en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y ejerció la docencia. En su recorrido, el aula y la creación fueron espacios de una misma dedicación a la palabra.

Su llegada al Pacífico estuvo acompañada por expresiones culturales de su tierra. El periodista Arnulfo Agüero recordó una presentación de los ritmos y la danza del Palo de Mayo en el barrio capitalino de La Mecatera. Esa escena permite aproximarnos a una dimensión importante de McField: la del creador que llevaba consigo una memoria musical y la compartía con públicos que apenas comenzaban a conocerla. La voz, el ritmo y el cuerpo formaban parte de ese encuentro.

En 1967 apareció Dios es negro, uno de los títulos centrales de su trayectoria. Su afirmación de la negritud cuestionaba los prejuicios raciales y reclamaba un lugar para la experiencia afrodescendiente dentro de la literatura nacional. En una entrevista con Agüero, el poeta explicó su rechazo a las expresiones que subordinaban la dignidad negra a una supuesta blancura interior. La obra es un hito de la literatura de la Costa Caribe nicaragüense que reivindica el orgullo de la negritud al desafiar los estereotipos coloniales. Desde esa perspectiva, el título del libro puede leerse como una intervención sobre los imaginarios culturales: una manera de discutir quién tiene derecho a reconocerse en las representaciones de lo sagrado y lo humano.

Su bibliografía continuó con En la calle de enmedio, Poemas para el año del elefante (1970), Poemas populares (1972) y Las veinticuatro (poemas y canciones) (1975). Estos libros ofrecen un recorrido inicial para conocer una escritura que encontró cauces tanto en la publicación literaria como en la interpretación musical. Composiciones como «Pancasán» y «El niño negro» ampliaron la circulación de su palabra más allá de los lectores habituales de poesía.

Pero acercarse a McField también requiere detenerse en sus cambios de tono. En «El día es azul arriba», por ejemplo, la mirada recorre escenas cotidianas, flores y momentos de intimidad, antes de introducir una observación irónica sobre el poder. En nuestra lectura, esa convivencia entre lo sensible y lo político muestra una escritura capaz de pasar de la contemplación al cuestionamiento sin abandonar la cercanía del lenguaje. La vida común conserva su espacio dentro del poema, aun cuando la historia y sus tensiones irrumpen en él.

Su actividad cultural incluyó la creación de Libromundo, un espacio de encuentro literario y artístico en Managua, y su participación en el grupo Gradas. También desempeñó responsabilidades diplomáticas. Su militancia sandinista y su oposición al somocismo forman parte del contexto de su trayectoria y de algunas de sus composiciones más conocidas. Reconocer esa dimensión ayuda a situar su obra, cuya lectura permite atender igualmente al amor, la identidad, el humor y la experiencia cotidiana.

La presencia de ocho poemas suyos en el número 10 de la revista Wani, correspondiente a 1991 y conservado en el portal de Bluefields Indian and Caribbean University, ofrece otra vía para regresar a su escritura. Estos archivos permiten que el homenaje encuentre continuidad en una práctica concreta: buscar los textos, leerlos y compartirlos.

Una voz que permanece

La permanencia de un poeta se construye en cada encuentro con sus lectores. Un libro que vuelve a abrirse, una canción que alguien reconoce, un poema llevado al aula o una conversación entre generaciones pueden prolongar su presencia. En David McField, esa posibilidad nos invita a escuchar con mayor atención el Caribe nicaragüense y a reconocer su lugar en nuestra memoria literaria.

Desde La Vasija creemos que el tributo debe convertirse en una invitación duradera. Volver a Dios es negro, buscar sus demás poemarios y acercarse a sus canciones son maneras de reconocer la amplitud de una trayectoria. También lo son conservar sus ediciones, documentar sus intervenciones y facilitar que nuevos lectores se encuentren con su voz.

Hoy despedimos a David McField con gratitud por la palabra compartida. Su nombre permanece ligado a una pregunta que concierne a nuestra revista: ¿cómo cuidar la diversidad de voces que hace posible una literatura nacional? Nuestra respuesta comienza por leer, por escuchar y por ofrecer espacio a las obras que todavía necesitan llegar a más personas.

Poemas de David McField extraídos de la revista Wani.

Uníos

Unámonos juntemos brazos para dar el golpe juntemos fuerzas para alzar la voz. Juntemos cenizas y hagamos cuenta de todo lo perdido. Han pasado frente a nuestras puertas ante nuestros ojos hacia la muerte solos, solos, tristes, muertos ya de soledad y tristes. Unámonos juntemos ilusiones y ansias de tempestad. Que todos seamos como un hormiguero. Juntemos ponzoña con ponzoña dolor con dolor duelo con duelo; y afinemos el hocico, afinemos el oído afinemos la puntería de nuestras palabras. Unámonos. Están alzando paredes hasta el cielo contra nosotros. Nos han cercado el paso por todos lados y es en contra de nosotros que apuntan sus armas. Cabalgan por las noches acechándonos, fichándonos, pinchándonos, visitándonos inesperadamente, inoportunamente, calladamente. Han afilado sus colmillos contra nosotros presupuestándonos, educándonos, amaestrándonos amonestándonos, acariciándonos, violándonos, y a costa de nuestro dolor están haciendo sus fiestas. Yo busco luz en la noche gritos para amanecer; sólo una llama que arde otra llama que se enciende otra llama que se apaga. Yo busco luz en la noche. Unámonos. Juntemos brazos para dar el golpe juntemos fuerzas para alzar la voz. Un grano de arena, y otro grano de arena, un grano de arena más, y otro grano de arena, y otro grano de arena y otro y otro y otro. Una luz en la noche y otra luz en la noche y otra luz y otra y otra. Yo he querido valor y harto miedo me han dado, harto miedo y soledad. Una llama y otra llama que pasan como fantasmas pasan frente a nuestras puertas frente a nuestros ojos. Solos. Muertos de soledad. Una llama y otra llama. Encendamos la noche pongamos el llano en llamas pongamos el llanto en llamas pongamos la noche en llamas... y por güevo tiene que amanecer. Un grano de arena... Otro grano de arena. Otro grano de arena. Y otro y otro y otro. Unámosnos. granos de arena, chispas sueltas por Sodoma. Juntemos brazos para dar el golpe. Juntemos fuerzas para alzar la voz.

Cuando el equipo de León

a Hazel Cuando el equipo de León fue campeón nacional de la liga de béisbol profesional, Duncan Campbell, la revelación del año, conectó batazos sin cuento. Su récord fue: campeón bate, campeón jonronero, campeón robabase, campeón extrabase, campeón fildeador. Cuando el equipo de León fue campeón nacional de la liga de béisbol profesional, Duncan Campbell era nombre pronunciado con respeto en las narraciones deportivas y los jugadores de handbol y todos los buenos bateadores en Nicaragua se llamaron Duncan Campbell; y todos los costeños somos también desde entonces primos y hermanos de Duncan Campbell. Todavía en paredes y biombos empapelados en las casas de muchos costeños aparece el moreno en el círculo de espera luciendo uniforme de grandes ligas y con un sueño casi triste, de futuras proezas escapándosele por los ojos medio achinados.

Todo puede sucederle a uno

Todo puede sucederle a uno. No es cierto que nadie puede abrir una caja fuerte. No es cierto que la vida se garantiza con un seguro de vida. Hay más. Nuestra infinitesimal inseguridad al igual que la de los presidentes está en continuo acecho. Como la hierba del campo sin tanto verdor vamos pasando o quedándonos mientras todo nos pasa. Al fin hallamos que antes de llegar a nosotros nuestra presencia en Adán era un recuerdo después de lo otro. Es nuestra disposición; morir antes de nacer a la verdad. Al final, decimos Al dilá, allá será. Esto es presencia.

Oyendo unos tambores en Tangañica

Encimita de la piel está la pena el temor al público la solitud. Pero cuando el primer tambor dice tum, el otro secunda tum tum, y empiezan a tumbar los negros: la noche se viene cerquita y mil años son nada. Rumba, rumba, tumbamba, tumba y la escena soy yo tumbando, rumbando rumbo al Congo a Benin a Zambia. Me pregunto, rosa negra, ¿cuál de éstos seré yo? Doña Elena. Génesis. ¿Quién me salva del sajino, quién me saca esto de mí? Y este tambor cotidiano que a veces dice que no luego obligado trae el sí. ¡Ay, Río Escondido, triste! Soñándole estoy así en el corazón de Zambia que es el mismo de Bluefields es Ramakí es Atlántico es Pacífico. ¡Qué bruto! ¡Bruto! ¡Bruto! Es mi Nicaragua aquí reventando sus cadenas construyendo el porvenir reconvolviendo el pasado hasta el infinito ¡al fin!

Mayo

a June Está lloviendo en mi tierra y huele a tierra mojada. Me lo ha dicho Mayo me lo dice el viento que sopla fresco y holgado. Pobre viento enamorado todo roto y remendado le soba el pelo al zacate que lo tiene bien peinado. Porque luego hay paloemayo se puso empericuetado. Mayoya dice mi novia, sinsaima dice encantada. Y Mayo va por la noche tunante y supitilado lobulando las orejas picando la rana al sapo más grande la sapada. Mayaya Lasinki Mayaya o Maya ya ya ya ya Mayo llegó. Maputo, 1985

Agenda

Este día agendado registra una carta que el correo se acordó de entregar. Y como albore lapill notare diem marcó en la frente del pulso tu zanahoria cierta Kunta Kinte como si esto comenzara. ¡Qué negro más triste! Y sin embargo La Habana tiene el Saint John y su rincón del filin. ¡Qué grosería los que nos saben pescar! Que no vayan a la bodeguita del medio. ¿Verdad, señor Hemingway, que sólo usted sabe por quién doblan las campanas?

Poetas del exilio

Se fueron por el verano, quizá. ¿Cuántos son, cuántos serán? Los que son combatientes del amor, de Itaca, los verdaderos. Ni lluvia ni vientos adivinaron. ¿Cuántos serán? ¿Dónde en este verano Leonel Rugama? ¿Dónde Antonio Machado? ¿Dónde Pablo Neruda? ¿Dónde García Lorca? ¿Dónde fuera de Nicaragua la Sandinista? La España, Chile en fuego. ¿Cuándo Sandino en Miami? Primero muerto. PLOMO. Recuérdelo. Recuérdelos. Ninguno de ellos, ¡Dios guarde! Ninguno de ellos, lacayo, agentón, lambeleta del que aún lleva la sangre en la camisa, en el rostro. ¡Poetas bebiendo mierda, Ciro; poetas bebiendo mierda en vez de whiskey! O recogiendo migajas, pródigos, por el suelo, en los salones. Ninguno pindigueando al matarife. ¿Dónde Sandino en Wall Street o del brazo con la bestia! Nómbrelo usted que olvida las estaciones del tren. Nombre al compañero; ¡compañero en los lavabos del pentágono...? Quizá le tiemblen —no las manos— los labios, poeta nicaragüense en exilio. Addis Ababa, 1989

Fuentes

David McField, selección poética. Wani, n.º 10 (1991).

Revista Cultural La Vasija.

Redacción, recopilación y diseño: Franz Tórrez Hernández