Dios castiga sin pito y sin tambor

Revista Cultural La Vasija

Historia

Un refrán nicaragüense y las historias con las que la tradición popular intentó explicar el destino.

En Nicaragua, este dicho alude a un castigo que llega sin anuncio, sin ruido y sin ceremonia.

La tradición popular lo vinculó con el destino de varios responsables del fusilamiento de Manuel Antonio de la Cerda, primer Jefe de Estado de Nicaragua, ejecutado en Rivas en 1828.

Según el relato recogido por Manuel Pasos Arana, aquellos hombres tuvieron finales que el pueblo interpretó como castigos inevitables.

Uno de ellos, Juan Catán Orozco, jefe de la escolta, habría muerto fulminado por un rayo.

Otro, Palomino, fue recordado por una historia todavía más estremecedora: un caimán lo habría escogido entre varios marineros que dormían junto a la bahía de San Juan del Norte y lo arrastró al agua.

De ese episodio quedó incluso otro dicho popular:

“Es peor que el lagarto que se tragó a Palomino.”

Pero la frase que sobrevivió con mayor fuerza fue:

“Dios castiga sin pito y sin tambor.”

El propio Pasos Arana fue cuidadoso al contarlo: no presentó estos destinos como prueba histórica de una justicia sobrenatural, sino como una creencia del pueblo.

Y ahí está precisamente el valor cultural del relato.

Un hecho político terminó convertido en memoria oral.

La memoria se volvió moraleja.

Y la moraleja, refrán.

Fuentes

Manuel Pasos Arana, «Granada y sus Arroyos», Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo VI, n.º 2, 1944.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza