Los brazos pintados de jaguar: el arte corporal de los chorotegas
El jaguar, la lengua y el adorno corporal en las crónicas de Nicoya.
En la Nicaragua prehispánica, el cuerpo también era un espacio de expresión cultural, identidad y distinción social.
En el siglo XVI, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés describió una singular práctica entre los indígenas de Nicoya, especialmente entre los principales y sus mujeres: llevar figuras de jaguar grabadas y pintadas sobre los brazos.
Según su testimonio, primero se realizaban incisiones o dibujos sobre la piel utilizando navajas de pedernal. Después se aplicaba una tinta negra elaborada con sangre propia y carbón.
El motivo representado era el jaguar, animal al que Oviedo llamó «tigre», siguiendo el vocabulario europeo de su época.
Pero el cronista también conservó un detalle lingüístico extraordinario: tres nombres indígenas para un mismo animal.
Nambúe: en lengua chorotega.
Teguam: en lengua de Nicaragua.
Ochi: en lengua de Cueva.
Estas palabras constituyen un valioso testimonio de la diversidad lingüística que encontraron los europeos en la región centroamericana. El jaguar ocupaba un lugar destacado en diferentes tradiciones mesoamericanas, frecuentemente asociado con la fuerza y el poder. Su representación sobre la piel permite acercarnos a las formas de identidad y ornamentación corporal de aquellas sociedades. Aunque desconocemos los diseños exactos de estos tatuajes, la descripción de Oviedo confirma la existencia de una práctica artística que combinaba el cuerpo, los pigmentos naturales y la representación animal. La imagen de esta entrega es una reconstrucción artística inspirada en el testimonio colonial, no una reproducción de un tatuaje histórico conservado. Tres lenguas, un mismo jaguar. Una memoria cultural escrita sobre la piel.
Fuentes
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, documentos coloniales publicados en la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo VI, n.º 1, abril de 1944, p. 4; PDF p. 4.