Morir o vencer
La batalla de San Jacinto y su lugar en la memoria de la Guerra Nacional.
En esta lectura
- EL PRIMER COMBATE: 5 DE SEPTIEMBRE
- 12 DE SEPTIEMBRE: LA UNIÓN
- LOS FLECHEROS MATAGALPAS
- 14 DE SEPTIEMBRE DE 1856
- ANDRÉS CASTRO
- PATRICIO CENTENO Y EL FLANQUEO
- LA ESTAMPIDA
- EL VERDADERO TRIUNFO: ROMPER EL MIEDO
- “MORIR O VENCER”
- JOSÉ DOLORES ESTRADA
- FERNANDO CHAMORRO Y LAS ARMAS
- NUEVE DÍAS DESPUÉS
- UNA VICTORIA NICARAGÜENSE Y CENTROAMERICANA
- LA FE EN LA VICTORIA COMENZÓ EN SAN JACINTO
La Batalla de San Jacinto — 14 de septiembre de 1856
El 14 de septiembre de 1856, en una hacienda ganadera situada cerca de Tipitapa, se libró una batalla que no fue la mayor de la Guerra Nacional por número de combatientes, pero sí una de las que más profundamente transformó la moral de la resistencia nicaragüense frente al filibusterismo de William Walker.
Era la Hacienda San Jacinto.
Allí, una fuerza de alrededor de 160 defensores nicaragüenses, integrada por soldados, hateros, jóvenes procedentes de distintos pueblos y combatientes indígenas matagalpas armados con arcos y flechas, enfrentó a una columna filibustera considerada entre las fuerzas más experimentadas del ejército de Walker.
Al mando estaba el coronel José Dolores Estrada.
Tenía 64 años.
Era un veterano que ya había sido herido en combates anteriores y que había recibido la responsabilidad de mantener una posición fundamental para la resistencia del interior.
Pero San Jacinto no comenzó el 14 de septiembre.
EL PRIMER COMBATE: 5 DE SEPTIEMBRE
Nueve días antes de la batalla que hoy conmemoramos, los defensores ya habían rechazado un primer ataque.
Según el parte oficial de Estrada, al amanecer del 5 de septiembre una fuerza de más de 120 filibusteros atacó la hacienda.
El combate duró aproximadamente dos horas y media.
Los atacantes terminaron retirándose y dejaron en el terreno rifles, espadas, un botiquín y animales de carga.
Para los defensores, aquella primera victoria tuvo una importancia que fue mucho más allá de la hacienda.
Hasta entonces, la fama de los fusileros filibusteros había provocado temor entre numerosas fuerzas centroamericanas.
Dionisio Chamorro recordaría que en León los ejércitos permanecían impresionados por la reputación de aquellos rifles, contra los cuales parecía imposible vencer.
San Jacinto comenzó a demostrar lo contrario.
12 DE SEPTIEMBRE: LA UNIÓN
Dos días antes de la batalla decisiva se produjo otro acontecimiento fundamental.
El 12 de septiembre de 1856, en León, los bandos nicaragüenses enfrentados durante la guerra civil alcanzaron un pacto de unión.
La amenaza filibustera estaba obligando a transformar antiguas rivalidades internas en una causa común.
Las fuentes utilizadas para esta entrega relacionan el impacto del primer triunfo de San Jacinto con el clima que hizo posible aquella reconciliación.
La guerra comenzaba a cambiar de significado.
Ya no se trataba únicamente de liberales contra conservadores.
Se trataba de Nicaragua frente a un proyecto filibustero que pretendía consolidarse en el país.
LOS FLECHEROS MATAGALPAS
El 11 de septiembre llegó a San Jacinto una división indígena procedente de Matagalpa.
El testimonio de Carlos Alegría recuerda la llegada de 66 indígenas flecheros acompañados por seis oficiales, bajo el mando del mayor Francisco Sacasa.
Su participación forma parte esencial de la batalla.
Combatieron junto a soldados de Managua, Masaya, Granada, Jinotega, Matagalpa y otros lugares del país.
La defensa de San Jacinto no perteneció a una sola ciudad ni a una sola clase social.
Fue una fuerza heterogénea: militares, campesinos, hateros, jóvenes e indígenas reunidos frente a un enemigo común.
14 DE SEPTIEMBRE DE 1856
Llegó entonces el ataque principal.
Las fuerzas filibusteras avanzaron contra la hacienda.
La batalla fue intensa.
La munición comenzó a agotarse.
Y cuando ya casi no quedaba parque, la defensa continuó con lo disponible:
culatas,
machetes
y piedras.
De ese momento surgió uno de los gestos más recordados de toda la historia nicaragüense.
ANDRÉS CASTRO
Un filibustero consiguió aproximarse a la posición defensiva y comenzó a saltar la trinchera.
El soldado Andrés Castro tomó una piedra y la arrojó.
El atacante cayó.
Con el tiempo, aquella acción se convirtió en el símbolo popular de San Jacinto: una piedra enfrentándose al rifle.
José Dolores Estrada posteriormente confirmó la utilización de piedras cuando comenzó a faltar la munición.
Sobre Castro expresó que no había presenciado directamente el momento del golpe, pero sí lo había visto después “lleno de íntima satisfacción”, y recordó que otros defensores también recurrieron a piedras cuando el parque se agotó.
La importancia histórica del gesto no está únicamente en la espectacularidad de una pedrada.
Está en aquello que representa:
una defensa llevada hasta el límite de sus recursos materiales.
PATRICIO CENTENO Y EL FLANQUEO
Pero San Jacinto no se decidió solamente por actos individuales.
Hubo táctica.
El capitán Patricio Centeno, jinotegano y segundo jefe de la posición, ejecutó por orden de Estrada una maniobra de flanqueo contra los atacantes.
Estrada lo describió posteriormente como:
“valiente, arrojado e impetuoso en todo momento”.
La presión desde otra dirección contribuyó a quebrar la formación filibustera.
Y entonces ocurrió otro episodio que pasó a formar parte de la memoria de la batalla.
LA ESTAMPIDA
Una manada de animales de la hacienda se precipitó en medio del combate.
En la confusión, los filibusteros habrían interpretado el ruido y el movimiento como la llegada de caballería enemiga.
La percepción de que nuevas fuerzas nicaragüenses estaban entrando en combate aumentó el desconcierto.
La retirada comenzó.
William Walker reconocería posteriormente que el repliegue de sus voluntarios desde San Jacinto fue “irregular y desordenado” y que su regreso a Granada produjo un efecto negativo sobre la moral de sus tropas.
La fuerza filibustera que durante meses había construido una reputación de superioridad podía ser derrotada.
EL VERDADERO TRIUNFO: ROMPER EL MIEDO
Ahí está probablemente la importancia histórica más profunda de San Jacinto.
No fue la batalla más grande de la Guerra Nacional.
Vendrían combates mayores.
Tampoco expulsó por sí sola a Walker.
La derrota definitiva del filibusterismo necesitó la participación de Nicaragua y de los ejércitos aliados de Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Honduras.
Pero San Jacinto destruyó algo que hasta entonces favorecía enormemente a Walker:
la idea de que sus hombres eran prácticamente invencibles.
Dionisio Chamorro sostuvo que las jornadas de San Jacinto:
“abrieron las puertas a la victoria dando paso a las fuerzas centroamericanas”.
Por eso podemos entender la batalla como un quiebre psicológico.
La guerra sería ganada por muchas fuerzas y en numerosos escenarios.
Pero en San Jacinto comenzó a consolidarse la convicción de que podía ganarse.
“MORIR O VENCER”
La tradición histórica también conservó una junta de oficiales realizada antes de la batalla.
El testimonio de Carlos Alegría, pronunciado décadas después, recuerda a Estrada sosteniendo una nota vinculada a los movimientos filibusteros y comunicando a sus hombres una decisión:
no abandonar San Jacinto.
No conocemos con absoluta precisión la fecha de aquella reunión y debemos distinguir entre el parte militar contemporáneo y la memoria posterior de los combatientes.
Pero la escena expresa algo que sí está profundamente asociado a San Jacinto:
la decisión de permanecer.
No retroceder.
Resistir.
De ahí el espíritu condensado en dos palabras:
MORIR O VENCER.
JOSÉ DOLORES ESTRADA
San Jacinto tampoco puede entenderse sin su comandante.
José Dolores Estrada tenía 64 años cuando dirigió aquella defensa.
Había participado en los conflictos políticos y militares de Nicaragua y cargaba heridas de combates anteriores.
Después del triunfo sería ascendido a General de Brigada.
Sin embargo, su figura también ha generado debates historiográficos.
Algunos autores minimizaron posteriormente su importancia dentro de la Guerra Nacional; otros respondieron recurriendo a los partes oficiales, condecoraciones y testimonios de quienes combatieron junto a él.
La Vasija no pretende convertir esas discusiones en una hagiografía.
La documentación permite afirmar algo concreto:
el 14 de septiembre de 1856, Estrada comandaba la posición nicaragüense de San Jacinto y sus partes constituyen algunas de las principales fuentes para reconstruir la batalla.
FERNANDO CHAMORRO Y LAS ARMAS
La defensa tampoco apareció de la nada.
Las fuentes recuerdan el esfuerzo del general Fernando Chamorro por organizar la resistencia del interior cuando las armas disponibles eran insuficientes.
La tradición recogida en la Revista de la Academia de Geografía e Historia señala que incluso vendió joyas familiares para contribuir a adquirir nuevo armamento.
Cuando Estrada conoció aquel sacrificio habría pedido ser elegido para la misión, prometiendo que no sería inútil.
La historia de San Jacinto comenzó mucho antes del primer disparo.
Comenzó reuniendo hombres.
Buscando armas.
Construyendo confianza.
Y decidiendo defender una posición.
NUEVE DÍAS DESPUÉS
Existe además una coincidencia cronológica de enorme importancia.
San Jacinto se libró el 14 de septiembre.
El 23 de septiembre —nueve días después— William Walker promulgó un decreto que restauraba la esclavitud en Nicaragua.
Walker buscaba fortalecer sus vínculos con sectores esclavistas del sur de Estados Unidos.
La historiografía citada para esta entrega vincula aquella radicalización de su proyecto político con el deterioro de su situación después de San Jacinto y con el progresivo aislamiento de su causa.
Conviene mantener una distinción histórica:
San Jacinto no provocó por sí solo la caída de Walker.
Pero formó parte de una secuencia de derrotas, decisiones políticas y creciente resistencia centroamericana que terminaría destruyendo su proyecto.
UNA VICTORIA NICARAGÜENSE Y CENTROAMERICANA
La Guerra Nacional no fue únicamente una guerra de Nicaragua.
Costa Rica, Guatemala, Honduras y El Salvador terminaron movilizando fuerzas contra Walker.
Por eso San Jacinto debe comprenderse simultáneamente como episodio de nuestra historia nacional y como parte de una defensa centroamericana mucho más amplia.
La victoria correspondió a quienes resistieron en aquella hacienda.
La derrota final del filibusterismo correspondió a una coalición regional.
Ambas cosas pueden reconocerse sin disminuir ninguna.
LA FE EN LA VICTORIA COMENZÓ EN SAN JACINTO
Quizá por eso aquella hacienda ocupa un lugar tan profundo dentro de la memoria nacional.
No solo porque Andrés Castro lanzó una piedra.
No solo porque Estrada permaneció firme.
No solo por la participación de los flecheros matagalpas.
Sino porque allí se produjo algo menos visible:
se quebró el miedo.
Los rifles filibusteros dejaron de parecer invencibles.
El enemigo podía retroceder.
Y una fuerza nicaragüense había demostrado que podía obligarlo a hacerlo.
En estas fechas patrias, recordar San Jacinto significa también comprender que la historia nacional no la construye un único héroe.
La construyeron:
José Dolores Estrada,
Andrés Castro,
Patricio Centeno,
Francisco Sacasa,
Carlos Alegría,
Liberato Cisne,
Ignacio Jarquín,
los flecheros matagalpas,
los hateros,
los soldados
y decenas de hombres cuyos nombres apenas sobrevivieron en los documentos.
Una hacienda ganadera se convirtió aquel 14 de septiembre en símbolo nacional.
Y una victoria militar se convirtió en algo todavía más importante:
la certeza de que Nicaragua podía resistir.
MORIR O VENCER.
La fe en la victoria comenzó en San Jacinto.
Fuentes
Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomos 14-15, 1955-1956: documentación y charla histórica de Felipe Rodríguez Serrano sobre el general José Dolores Estrada; partes oficiales del 5 y 14 de septiembre y testimonios de combatientes.
Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo 5, 1943: Miguel Á. Álvarez, Los Filibusteros en Nicaragua, capítulo dedicado a la Batalla de San Jacinto.
Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo 2, 1938: documentación sobre la significación política de los combates de septiembre y correspondencia histórica.
Julio Valle-Castillo (comp.), Memorial de Masaya: documentación sobre combatientes masayenses vinculados a las jornadas de San Jacinto.
Partes oficiales del coronel José Dolores Estrada y testimonios posteriores de participantes conservados por la historiografía nicaragüense.