Impacto de la vida
La memoria personal y la ciudad se encuentran en la poesía de Mario Cajina-Vega.
Ella inventó mi nombre, un nombre de haberme visto;lo inventó con su copa de sangre.Y me desprendí de ella,bajo dos peces de agua dulce,sin oír todavía las canciones rebeldes de aquel lago infinito;viendo el mundo en blanco y negro todavía,y como resucitando,en una ciudad con arroyos en los que sólo corren niños.
Allí, la fuente del dolor,el desgarrón del disparo.Y yo estaba enseñando los puños,recién salido del sueño, con la cabeza pesada;salido a la superficie como para vivir de la sola vida;subido de color, salmonetecon la vida en un hilo, en un cordón de buzo,y chillando con todo el cuerpo.
Nací en aquella ciudad donde todo está a la mano;ciudad escrita por mí, ciudad que amoporque aún se ilusiona a la altura de las campanas de sus iglesiasporque tiene la vida nocturna del sueño,por su cielo ruidoso y sus lluvias para toda la vida,por su depresión dinámica de naturaleza muerta,por su Parque Colón, donde le he dado la vuelta al mundo.Y nací cuando casi estaba naciendo—en Nueva York— Gregory Corso, quien después naceríamuerta la Guerra Mundial, muerto el mundo,a vivir el verso, como yo.Pero los dos habíamos nacido, por vez primera,con la gran guerra del Segundo Manifiesto Surrealista.
Fuentes
El siglo de la poesía en Nicaragua, Tomo II, p. 539.
Pintura: Leonel Vanegas.