IX

Verónica Ortega

Poema

Un recuerdo de duelo y despedida en la voz de Verónica Ortega.

Cuando el ave que lleva las negras noticias me informó sobre su partida, no tuve sentimiento de tristeza alguna. En el fondo, todo parecía inverosímil, hasta cuando llegué a su lecho y vi su rostro esquelético; fue entonces cuando entendí la complejidad de los hechos.

Su mano y la mía se entrelazaron en un intercambio de miradas. Lágrimas tristes rodaron por nuestros rostros.

Pude ver su amor en sus ojos y el anhelo por quedarse.

Los hermosos recuerdos de infancia empezaron a pasar en ráfagas ante mis ojos: cuando de niña me cargaba en sus hombros y, en medio de su rudeza, trataba de infundir su cariño.

En la noche de ese agosto amargo, un torbellino se llevó consigo el último suspiro de aquel anciano de rostro aletargado. Lloró el cielo y todos lloraron con él.

Mi alma se quebrantó cuando vi a esa mujer abrazar con tanta ternura el ataúd que guardaba su cuerpo. En el fondo, ella creía que eso era un sueño. Esa noche no cerró los ojos, esperando que él abriera los suyos.

Sus palabras en la madrugada, con la voz quebrantada, fueron: «¡Ay, mi hijo! ¡Ay, mi viejo!»

Créditos

Pintura: Lyubov Popova.

Redacción de la presentación, recopilación y diseño: Lenin Espinoza