El Güegüence: el primer personaje de la literatura nicaragüense

Revista Cultural La Vasija

Lectura

Una lectura del ensayo de Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Mejía Sánchez sobre El Güegüence.

En esta lectura

En noviembre de 1966, la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano publicó uno de los ensayos fundamentales para comprender el lugar de El Güegüence dentro de nuestra tradición cultural: «El Güegüence: el primer personaje de la literatura nicaragüense», de Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Mejía Sánchez.

La pieza apareció dentro del número monográfico «Faz y Antifaz del Humor Nicaragüense» y propuso una lectura decisiva: El Güegüence no es solamente una obra de teatro colonial ni una reliquia del pasado.

Es un personaje vivo.

Un tipo literario.

Una figura nacida de un pueblo que aprendió a responder a la adversidad con burla, astucia y representación.

Pablo Antonio Cuadra lo resume con una frase memorable:

«Creado por un pueblo que se burla de sus desgracias…»

Y lo define además como:

«el primer boceto satírico del nicaragüense».

UN PERSONAJE FUNDACIONAL

Para Cuadra y Mejía Sánchez, El Güegüence ocupa un lugar extraordinario porque aparece muy temprano como un personaje reconocible, caracterizado y representativo dentro de la literatura popular hispanoamericana.

No es solamente alguien que actúa dentro de una obra.

Es una forma de comportamiento.

Una máscara.

Una estrategia frente al poder.

El personaje burla, evade, exagera, confunde y transforma la palabra en defensa.

Por eso su importancia rebasa el teatro.

El Güegüence se convierte en una de las primeras imágenes literarias de la identidad nicaragüense.

EL PRIMER ABRAZO DEL TEATRO MESTIZO

Uno de los grandes aportes del ensayo es su explicación del origen mestizo de la obra.

Cuadra sostiene que el teatro nicaragüense no nace simplemente de una importación europea.

Surge del encuentro.

De una mezcla.

Por un lado:

los mitotes, machucú y areytos del mundo indígena.

Por otro:

las formas del teatro popular español.

El Güegüence representa, según Cuadra, ese momento decisivo en que «el teatro indígena comienza a absorber» elementos del teatro español.

Lo llama:

«el primer abrazo en Nicaragua»

entre dos tradiciones escénicas distintas.

De ese encuentro nace una obra bilingüe, satírica y profundamente mestiza.

UNA EDICIÓN DE GRAN VALOR DOCUMENTAL

El número de 1966 no se limita al ensayo crítico.

Incluye también materiales de gran importancia para la transmisión de la obra:

el texto colonial — una edición bilingüe — la paráfrasis del Dr. Emilio Alvarez — notas y contexto histórico

Ese aparato convierte la publicación en uno de los rescates documentales más completos de El Güegüence dentro de la historia editorial nicaragüense del siglo XX.

La paráfrasis conserva además la dinámica teatral del diálogo:

«Alguacil: Ruego a Dios que proteja a usted, Sr. Gobernador Tastuanes.»

«Gobernador: Ruego Dios por tu prosperidad, hijo mío, Capitán Alguacil Mayor.»

Detrás de esa aparente cortesía comienza precisamente el juego verbal que caracteriza a la obra.

HUMOR COMO IDENTIDAD

No es casual que este ensayo apareciera en un número dedicado al humor nicaragüense.

El Güegüence pertenece a una tradición donde el humor no es simple entretenimiento.

Es una forma de respuesta.

Una herramienta para soportar y cuestionar el poder.

Burla, doble sentido, exageración, máscara y evasión se convierten en recursos de supervivencia cultural.

El personaje habla desde abajo, pero nunca desde la sumisión absoluta.

Su inteligencia está precisamente en la capacidad de fingir, desviar y devolver el golpe mediante la palabra.

UNA OBRA QUE SIGUE VIVA

El ensayo de Cuadra y Mejía Sánchez fue publicado en 1966, pero su pregunta sigue abierta:

¿Por qué El Güegüence continúa siendo reconocible?

Quizá porque su fuerza no reside únicamente en una época histórica.

Reside en un comportamiento.

En una actitud.

En una manera de enfrentarse al mundo mediante la ironía.

Por eso, más que una pieza del pasado, El Güegüence permanece como una figura viva de nuestra imaginación cultural.

Fuentes

Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Mejía Sánchez, «El Güegüence: el primer personaje de la literatura nicaragüense», Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Vol. 15, N.º 74, noviembre de 1966, pp. 2–25.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza