El intelectual para nada sirve

Revista Cultural La Vasija

Lectura

Cuatro escritos de Salomón de la Selva y una pregunta por la función del intelectual.

Diez años después de la muerte de Salomón de la Selva, la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano decidió conmemorar su legado recuperando cuatro escritos que hasta entonces permanecían inéditos.

Era mayo de 1969.

La revista los presentó como «cuatro textos suyos valiosos e inéditos» y recordó a De la Selva como «el mayor humanista de Centroamérica».

La importancia de aquella publicación es considerable: permite acercarse a una dimensión de Salomón de la Selva que muchas veces queda eclipsada por su poesía. Aquí no encontramos solamente al autor de El soldado desconocido, sino al ensayista, al lector de los clásicos, al pensador preocupado por la función social de la inteligencia y al humanista que dialogaba con algunas de las grandes figuras de la tradición occidental.

Entre aquellos escritos se encuentran dos textos particularmente reveladores:

«EL INTELECTUAL»

El ensayo comienza con una declaración demoledora:

«A los intelectuales no se les quiere en ninguna parte.»

De la Selva describe al intelectual como una figura esencialmente incómoda: alguien condenado a cierta soledad porque su trabajo consiste precisamente en pensar más allá de los intereses inmediatos de grupos, partidos y conveniencias.

Lo llama:

«el hombre impar».

Y utiliza una de las imágenes más poderosas de todo el ensayo:

«Prometeo irredento, la roca a la que está clavado es la humanidad misma; su prójimo, su semejante, es el buitre eterno que le devora las entrañas.»

El intelectual aparece así como un nuevo Prometeo: alguien que entrega algo a los demás y paga por ello el precio del aislamiento, la incomprensión e incluso la hostilidad.

Pero el ensayo contiene una aparente contradicción todavía más provocadora:

«Está visto que el intelectual para nada sirve.»

La frase no significa que el pensamiento sea inútil.

De la Selva está ironizando sobre una sociedad que mide la utilidad según el provecho inmediato y el beneficio material.

Para él, precisamente porque el intelectual no produce para un mercado específico ni para un interés particular, su trabajo posee otra naturaleza:

«Esencia del intelectual es trabajar para todos.»

Y más adelante concluye:

«El intelectual es el único que para todos trabaja, el único que da.»

Ahí está la verdadera tesis del texto.

Lo aparentemente inútil resulta indispensable.

El intelectual puede no producir mercancías, riqueza inmediata o ventajas particulares, pero produce pensamiento, conocimiento, crítica y cultura: bienes cuya verdadera dimensión solo puede comprenderse cuando se piensa en la sociedad entera.

«Como el sol, que para todos alumbra»

La comparación utilizada por De la Selva es especialmente hermosa.

El intelectual se parece al sol porque su trabajo no puede limitarse exclusivamente a quienes pueden pagarlo, adquirirlo o convertirlo en propiedad.

Sus productos —dice— «no se venden: se dan».

Es una defensa extraordinariamente radical de la cultura entendida como servicio colectivo.

«GOETHE Y EL TIEMPO»

El segundo gran texto de este conjunto nos conduce a un territorio completamente diferente.

«Goethe y el Tiempo» había sido escrito décadas antes, en torno al centenario de Goethe, hacia 1932, y está dedicado a Eugenia Louisa Victoria von Geisenheimer.

Aquí Salomón de la Selva reflexiona sobre el tiempo como fuerza capaz de transformar nuestra percepción de los hombres y de sus obras.

Escribe:

«El tiempo, que lame, que muerde, roe, desfigura y borra tanta cosa…»

Pero ese mismo tiempo que destruye es también, para De la Selva, una herramienta indispensable para comprender verdaderamente a una figura intelectual.

El tiempo separa lo circunstancial de lo permanente.

Permite observar una obra desde la distancia.

Y en el caso de Goethe, esa distancia le sirve para formular una comparación extraordinaria entre tres gigantes de la literatura occidental:

Dante.

Shakespeare.

Goethe.

De la Selva escribe:

«Dante vivía en intelecto puro, Shakespeare en pura fantasía: Goethe es el poeta de los tres que completamente vivió la vida.»

Y culmina con una frase formidable:

«Shakespeare y Dante vivieron en el mundo, pero Goethe fue el mundo.»

Esta afirmación revela la enorme amplitud del horizonte intelectual de Salomón de la Selva.

Estamos ante un escritor nicaragüense que piensa desde Centroamérica sobre Goethe, Dante, Shakespeare, la historia, el tiempo, la función del intelectual y la relación entre cultura y sociedad.

Ese cosmopolitismo no era accesorio en su obra.

Salomón de la Selva fue poeta, ensayista, traductor, diplomático y una figura decisiva de las letras nicaragüenses del siglo XX. Su experiencia internacional, su dominio de distintas tradiciones literarias y su participación directa en algunos de los acontecimientos históricos más dramáticos de su época hicieron de él una personalidad difícil de encerrar dentro de una sola categoría.

Su libro El soldado desconocido, publicado en 1922 después de su experiencia como combatiente durante la Primera Guerra Mundial, ocupa un lugar fundamental en la renovación de la poesía nicaragüense y antecede varios procedimientos que más tarde asumiría la Vanguardia.

Pero estos textos de ideas revelan otra parte de su legado.

Nos muestran al humanista.

Al lector de Goethe.

Al defensor de la inteligencia.

Al hombre convencido de que pensar para todos podía ser precisamente una de las formas más profundas de servicio.

1959 → 1969

Salomón de la Selva murió en 1959.

Diez años después, la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano abrió nuevamente sus papeles y permitió que cuatro textos inéditos regresaran a la conversación cultural.

Ese dato explica por qué esta publicación ocupa un lugar especial dentro de La Biblioteca Oculta de los Textos Perdidos.

No estamos recuperando únicamente documentos poco conocidos.

Estamos recuperando una voz.

Y en «El Intelectual», esa voz parece hablar todavía con inquietante actualidad:

«A los intelectuales no se les quiere en ninguna parte.»

Pero también deja una respuesta:

«El intelectual es el único que para todos trabaja, el único que da.»

Fuentes

Salomón de la Selva, «Cuatro textos», Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, vol. XX, n.º 104, mayo de 1969, pp. 9–11 y ss.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza