Róger Pérez de la Rocha
Un maestro de la pintura nicaragüense, cuya obra ha contribuido a construir la memoria visual de nuestra nación.
En esta lectura
- Patrimonio vivo | róger pérez de la rocha
- Una vida consagrada al arte
- El grupo praxis y la renovación de la pintura nicaragüense
- El maestro y su obra pictórica
- Su contribución a solentiname
- Reconocimientos a una trayectoria extraordinaria
- Un legado que continúa vivo
- Patrimonio vivo
- Revista cultural la vasija
Patrimonio vivo | róger pérez de la rocha
Un maestro de la pintura nicaragüense, cuya obra ha contribuido a construir la memoria visual de nuestra nación.
Hay artistas que consiguen retratar un rostro, un paisaje o un instante. Otros alcanzan algo todavía más profundo: convertir la pintura en un testimonio de la condición humana, de la historia y de la identidad de un pueblo.
En esta nueva entrega de Patrimonio Vivo, Revista Cultural La Vasija tiene el honor de dedicar un reconocimiento al maestro Róger Pérez de la Rocha (Managua, 27 de marzo de 1949), una de las figuras más destacadas de las artes plásticas nicaragüenses, cuya prolongada trayectoria representa una contribución de gran valor a la pintura, el retrato, el grabado y la formación artística nacional.
Una vida consagrada al arte
Su vocación artística comenzó desde muy temprano. El propio maestro ha recordado cómo, siendo todavía un niño, utilizaba tizas, carbón y fragmentos de tejas para dibujar sobre las aceras de su barrio. Aquellos primeros ejercicios anunciaban una inclinación que encontraría su desarrollo en el estudio, la disciplina y una profunda entrega al oficio pictórico.
Entre 1964 y 1967 estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Managua, bajo la dirección del célebre maestro Rodrigo Peñalba, figura fundamental en la consolidación de la pintura moderna nicaragüense.
La enseñanza de Peñalba resultó decisiva en su formación. De él recibió no solamente conocimientos técnicos, sino también una concepción rigurosa del trabajo artístico, sustentada en la observación, el dibujo y la búsqueda de una expresión personal.
En 1968 obtuvo una beca del Instituto de Cultura Hispánica para continuar estudios de pintura mural en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, España. Esta experiencia amplió considerablemente sus horizontes artísticos y le permitió entrar en contacto directo con las grandes tradiciones de la pintura europea.
Posteriormente profundizó sus conocimientos en México, donde realizó estudios de grabado en metal en la Academia de San Carlos y practicó la litografía en el prestigioso Taller de Gráfica Popular. Su formación continuó en Madrid y Nueva York, consolidando una trayectoria de permanente investigación y perfeccionamiento técnico.
El grupo praxis y la renovación de la pintura nicaragüense
Uno de los capítulos más importantes de su carrera fue su incorporación, en 1971, al Grupo Praxis, movimiento artístico que desempeñó un papel relevante en la renovación de las artes visuales de Nicaragua durante el siglo XX.
Praxis representó una búsqueda de nuevos lenguajes estéticos y una reflexión acerca de la relación entre el arte, la sociedad y la identidad nacional.
La participación de Pérez de la Rocha en este movimiento contribuyó a consolidar su visión de una pintura comprometida con la libertad expresiva, la experimentación y la interpretación de la realidad humana.
Su trayectoria también comprende el ejercicio de la enseñanza. En 1972 asumió la dirección de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en León, ampliando su contribución a la formación de nuevos artistas.
El maestro y su obra pictórica
La pintura de Róger Pérez de la Rocha posee una notable riqueza expresiva.
El retrato, la figura humana, las composiciones históricas y las exploraciones figurativas ocupan un lugar importante en su producción. Su dominio del dibujo, la construcción de los volúmenes, el manejo del color y la sensibilidad para representar la expresión humana constituyen características reconocibles de su trabajo.
El poeta y crítico de arte Julio Valle-Castillo ha destacado en su obra la presencia del expresionismo, sus exploraciones hacia la neofiguración y, particularmente, una concepción del retrato que busca penetrar en la dimensión psicológica de las personas representadas.
Su pintura no se limita a reproducir la apariencia física. A través de la mirada, la expresión y el tratamiento de la luz, sus personajes adquieren una presencia humana que invita a descubrir emociones, experiencias y memorias.
Su producción incluye obras como Muerto torturado (1974), Petroglifo (1974) y Alumbramiento (1980), documentadas en las colecciones de la Fundación Ortiz Gurdián. También participó, junto a Efrén Medina y Leonel Vanegas, en la realización de La vieja Managua (1977).
Estas obras permiten apreciar distintas vertientes de una trayectoria que transita entre la experimentación plástica, la representación humana y la reflexión histórica.
Mención especial merece su aportación a la iconografía de Augusto C. Sandino, cuya figura ha interpretado en numerosas composiciones, participando en la construcción de una memoria visual vinculada a la historia nicaragüense.
Su contribución a solentiname
Otro aspecto especialmente valioso de su trayectoria es su vinculación con la experiencia artística de Solentiname.
El poeta Ernesto Cardenal recordó la participación de Pérez de la Rocha en los primeros pasos de la pintura campesina desarrollada en aquel archipiélago. Según su testimonio, el joven artista proporcionó materiales y orientaciones técnicas a uno de los primeros creadores de la comunidad, contribuyendo al surgimiento de una experiencia pictórica que alcanzaría reconocimiento dentro y fuera de Nicaragua.
Este episodio permite comprender que su legado no reside únicamente en los cuadros que ha realizado, sino también en su capacidad para transmitir conocimientos y estimular la sensibilidad artística de otras personas.
Reconocimientos a una trayectoria extraordinaria
A lo largo de su carrera, el maestro Pérez de la Rocha ha recibido importantes distinciones que testimonian el reconocimiento a su trabajo.
🏅 1972: Mención Especial en la Primera Bienal Centroamericana, celebrada en San José, Costa Rica.
🏅 1982: Primer Premio de Pintura en un certamen patrocinado por el Ministerio de Cultura de Nicaragua.
🏅 1985: Premio Nacional de Pintura de la Unión Nacional de Artistas Plásticos (UNAP).
🏅 1990: Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, una de las distinciones culturales más importantes de Nicaragua.
🏅 2014: El Banco Central de Nicaragua dedicó a su nombre el Certamen Nacional de Pintura de esa edición, como reconocimiento a su trayectoria artística.
🏅 2026: Recibió el Premio Nacional OMPI a la Creatividad, en reconocimiento a su contribución al patrimonio cultural nicaragüense.
A estos méritos se suman numerosas exposiciones individuales y colectivas realizadas en Nicaragua y en países de América y Europa, así como homenajes dedicados a su trayectoria.
Su presencia en colecciones artísticas y espacios de exhibición constituye otro testimonio del valor de su producción dentro de la historia de nuestras artes visuales.
Un legado que continúa vivo
La importancia de Róger Pérez de la Rocha debe comprenderse desde la amplitud de su contribución cultural.
Es pintor, retratista, dibujante, grabador y maestro. Pero también es un artista que ha participado en momentos decisivos de la evolución de las artes plásticas nicaragüenses, desde la herencia formativa de Rodrigo Peñalba hasta las búsquedas renovadoras de Praxis y las experiencias de enseñanza artística.
Su obra ha dialogado con la historia, el paisaje humano y las inquietudes de nuestra sociedad, manteniendo una vocación creadora que encuentra en la figura humana uno de sus territorios de expresión más profundos.
En tiempos en los que resulta indispensable fortalecer la memoria de nuestros grandes creadores, reconocer a maestros como Róger Pérez de la Rocha significa también reconocer la riqueza, la dignidad y la diversidad del patrimonio artístico de Nicaragua.
Desde Revista Cultural La Vasija expresamos nuestra más alta consideración y admiración por su extraordinaria trayectoria, su magisterio y su valioso aporte a la cultura nacional.
Nos honra dedicar esta entrega a un artista que ha consagrado décadas al estudio, la enseñanza y la creación, enriqueciendo con su obra la historia de nuestra pintura.
Maestro Róger Pérez de la Rocha: reciba nuestro reconocimiento y gratitud por una vida dedicada al arte y por contribuir, a través de sus pinceles, a la construcción de la memoria cultural nicaragüense.
Porque el verdadero patrimonio de una nación también vive en la sensibilidad, el conocimiento y la obra de sus grandes artistas.
Patrimonio vivo
Vidas, obras y legados de Nicaragua.
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