Granada bajo el agua: cuando los arroyos reclamaron la ciudad

Revista Cultural La Vasija (crónica de Manuel Pasos Arana)

Historia

Los arroyos de Granada y las inundaciones que marcaron la vida de la ciudad.

Granada no fue inundada por el Gran Lago. El desastre llegó desde sus propios cauces.

La ciudad está asentada sobre una pendiente natural que desciende hacia el lago, y desde mucho antes de su fundación varios arroyos atravesaban el terreno. Entre ellos, el Zacatiligüe fue uno de los más peligrosos.

La noche del 3 de junio de 1888, una lluvia intensa hizo crecer el arroyo hasta invadir numerosas viviendas de la calle de Estrada. La corriente arrastró muebles, animales y objetos domésticos. Al día siguiente, un deslave afectó la nueva línea férrea cerca de Granada: la locomotora y un vagón descarrilaron, provocando varias muertes.

Pero el episodio más devastador ocurrió el 4 de octubre de 1889.

Después de horas de lluvia continua, el Zacatiligüe volvió a desbordarse. La corriente arrastró muebles, maderas de construcción y árboles enteros. En algunos sectores, el agua superó una vara sobre las aceras y varias casas de adobe comenzaron a colapsar.

La tragedia obligó a intervenir el cauce. En 1890 se impulsaron obras para desviarlo, aunque a finales de 1891 todavía ocurrió un nuevo desbordamiento, esta vez mucho menor.

La historia de estas inundaciones revela algo más profundo: Granada había crecido sobre una geografía que seguía imponiendo sus propios límites.

Las calles podían cambiar.

Los cauces podían desviarse.

Pero el agua seguía buscando su antiguo camino hacia el lago.

EL AGUA VOLVIÓ POR DONDE SIEMPRE HABÍA PASADO.

En esta entrega de ECOS DEL TIEMPO, Revista Cultural La Vasija recupera la crónica de Manuel Pasos Arana para reconstruir una ciudad que, durante décadas, tuvo que aprender a convivir con sus propios arroyos.

Fuentes

Manuel Pasos Arana, «Granada y sus Arroyos», Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, 1944.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza