El nombre que olvidaron

Revista Cultural La Vasija (page name; no individual author/editor listed)

Historia

Bobadilla, los caciques y la distancia entre el bautismo y la identidad en la Nicaragua colonial.

En esta lectura

Bobadilla y los caciques de Nicaragua, 1528-1529

En 1523, durante la expedición de Gil González Dávila por Nicaragua, las autoridades coloniales registraron una cifra impresionante: 32,264 indígenas bautizados en pocas semanas.

Para los conquistadores, aquello podía presentarse ante la Corona como una victoria extraordinaria de la evangelización.

Gil González escribió al emperador celebrando haber dejado "32,000 y tantas ánimas" convertidas al cristianismo.

Pero cinco años después ocurrió algo que obliga a mirar esas cifras de otra manera.

Fray Francisco de Bobadilla recorrió los pueblos indígenas de Nicaragua entre 1528 y 1529 y realizó una pesquisa entre sus caciques.

Preguntó.

Y algunas de las respuestas contradijeron silenciosamente la historia oficial de aquellas conversiones.

Según el dato conservado y comentado por el historiador Jaime Incer Barquero, algunos caciques dijeron que NO SE SENTÍAN CRISTIANOS.

Y hubo algo todavía más revelador:

habían olvidado incluso el nombre de pila cristiano que les habían impuesto años antes.

EL IMPERIO HABÍA CONTADO BAUTISMOS

La administración colonial podía registrar con enorme precisión aparente:

personas bautizadas,

nombres cristianos,

pueblos,

tributos,

cruces levantadas

y ceremonias realizadas.

Pero una estadística podía demostrar que alguien había recibido agua bautismal.

No podía demostrar que aquella persona hubiese adoptado una nueva fe.

Ese es el extraordinario valor de la encuesta de Bobadilla.

Cinco años después del gran recuento de 1523, la propia documentación evangelizadora dejaba entrever la enorme distancia que podía existir entre:

BAUTIZAR

y

CONVERTIR.

UN BAUTISMO EN TIEMPOS DE CONQUISTA

Aquellos sacramentos tampoco ocurrieron dentro de un contexto de libertad religiosa como podríamos entenderla hoy.

La evangelización temprana acompañó a la expansión militar y política española.

La conquista utilizaba instrumentos como el Requerimiento, mediante el cual se comunicaba a las comunidades indígenas —muchas veces en circunstancias en que ni siquiera podían comprender plenamente lo que se les decía— la obligación de reconocer la autoridad cristiana y la soberanía del monarca español.

La negativa podía justificar la guerra y el sometimiento.

Por eso, aceptar el bautismo no necesariamente significaba una decisión religiosa individual.

También podía ser:

obediencia política,

adaptación,

supervivencia,

negociación

o sometimiento ante una nueva relación de poder.

Incer Barquero precisamente advierte que muchos de aquellos bautismos masivos fueron administrados después de prédicas que los indígenas difícilmente podían comprender.

CINCO AÑOS DESPUÉS, EL NOMBRE YA NO ESTABA

El detalle del nombre cristiano olvidado es quizá la parte más poderosa de esta historia.

El bautismo no solamente introducía a alguien dentro de una religión.

También imponía un nuevo nombre.

Un nuevo nombre significaba, simbólicamente, una nueva identidad.

Pero algunos caciques interrogados años después ni siquiera podían recordar cuál había sido aquel nombre.

No sabemos si ese olvido fue deliberado.

No podemos afirmar que constituyera por sí mismo un acto consciente de resistencia.

Pero sí revela algo fundamental:

la identidad religiosa que los registros coloniales daban por establecida podía haber arraigado muy poco —o no haber arraigado en absoluto— entre quienes aparecían oficialmente como "cristianos".

EL MOMENTO EN QUE LOS CACIQUES RESPONDIERON

La documentación colonial está llena de voces españolas:

capitanes,

gobernadores,

frailes,

tesoreros,

cronistas.

Mucho más difícil es encontrar momentos en los que podamos escuchar, aunque sea indirectamente, la respuesta de quienes estaban siendo conquistados.

Por eso este episodio es tan importante.

Aquí no encontramos una gran batalla.

No hay una ciudad incendiada.

No hay un caudillo levantando un ejército.

Hay algo aparentemente mucho más pequeño:

un fraile formulando una pregunta.

Y algunos caciques respondiendo que la identidad que el sistema les atribuía no correspondía con la manera en que ellos mismos se reconocían.

Eso convierte la encuesta en una grieta dentro del propio archivo colonial.

BOBADILLA: EL FRAILE QUE BAUTIZABA Y TAMBIÉN PREGUNTABA

Francisco de Bobadilla no era un observador externo del proceso.

Era uno de sus protagonistas.

Las fuentes le atribuyen decenas de miles de nuevos bautismos entre 1528 y 1529, además de la destrucción de imágenes religiosas indígenas y la colocación de cruces.

Precisamente por eso resulta tan significativo que una pesquisa vinculada a su propia actividad haya conservado también una evidencia incómoda para el relato triunfal de la evangelización.

El mismo mundo que producía las estadísticas produjo también la respuesta que las cuestionaba.

El archivo colonial no habla con una sola voz.

En él conviven:

propaganda,

contabilidad,

fe,

violencia,

contradicciones

y testimonios capaces de desmentir la apariencia de sus propios números.

¿QUÉ SIGNIFICABAN ENTONCES AQUELLAS 32,264 PERSONAS?

Significaban que hubo 32,264 bautismos registrados.

Eso es lo que podemos afirmar.

No necesariamente 32,264 conversiones interiores.

No necesariamente 32,264 personas que comprendieron la doctrina cristiana.

No necesariamente 32,264 nuevas identidades religiosas consolidadas.

Cinco años después, las respuestas recogidas entre algunos caciques demuestran precisamente por qué debemos distinguir esas cosas.

La historia comienza a cambiar cuando dejamos de preguntar solamente:

"¿Cuántos fueron bautizados?"

y empezamos a preguntar:

"¿Qué significó ese bautismo para quienes lo recibieron?"

EL IMPERIO CONTÓ BAUTISMOS.

LOS CACIQUES RESPONDIERON IDENTIDAD.

Y quizá la imagen más poderosa de aquella distancia sea precisamente la más sencilla:

un nombre escrito en un registro colonial…

que la persona a quien pertenecía ya había olvidado.

Bautizaron el cuerpo.

El nombre no arraigó.

Fuentes

Jaime Incer Barquero, Descubrimiento, conquista y exploración de Nicaragua, Serie Cronistas, Colección Cultural de Centro América.

Jorge Eduardo Arellano, La Iglesia en Nicaragua durante la época colonial.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza