La independencia no ocurrió en un solo día

Revista Cultural La Vasija

Historia

Las decisiones y tensiones que siguieron al 15 de septiembre de 1821.

En esta lectura

15 de septiembre de 1821

La historia suele condensar la Independencia de Centroamérica en una sola fecha: 15 de septiembre de 1821.

Pero aquel día fue, en realidad, el comienzo de un proceso.

La independencia se discutió.

Se proclamó.

Se escribió.

Viajó por caminos y correos extraordinarios.

Fue recibida de manera distinta en cada provincia.

Y finalmente se juró, pueblo por pueblo.

A las ocho de la mañana del 15 de septiembre de 1821 se reunió, en el Palacio de Guatemala, la junta convocada por el Jefe Político Superior Gabino Gaínza.

Las fuentes utilizadas para esta entrega describen una reunión con las puertas abiertas y con el pueblo congregado en los corredores.

No todos pensaban igual.

El arzobispo Ramón Casaus y Torres manifestó su oposición a la emancipación.

El canónigo José María Castilla habló en favor de la independencia.

José Cecilio del Valle reconoció la legitimidad de la causa, pero planteó la necesidad de consultar a las provincias antes de tomar una decisión definitiva.

Y entre quienes defendieron la independencia se encontraba un hombre nacido en León de Nicaragua:

MIGUEL LARREYNAGA.

LA VOZ NICARAGÜENSE EN LA SALA

Larreynaga había nacido en León el 29 de septiembre de 1771.

Jurista y miembro de la Audiencia, formaba parte de aquella élite centroamericana que había estudiado y servido dentro de las instituciones coloniales y que, en 1821, tuvo que decidir qué hacer cuando el orden español comenzó a derrumbarse.

La tradición historiográfica nicaragüense conserva especialmente su posición favorable a la independencia y su participación en las nuevas instituciones surgidas después del 15 de septiembre.

Por eso Nicaragua lo reconoce como uno de sus próceres de la Independencia de Centroamérica.

Pero aquella mañana no hubo una sola voz.

Hubo debate.

Y eso es parte esencial de la historia.

“HASTA CON LA ÚLTIMA GOTA DE SANGRE”

Según la crónica recogida para esta entrega, las deliberaciones terminaron inclinándose hacia la independencia y las aclamaciones populares acompañaron la decisión.

El pueblo juró defender la libertad:

“hasta con la última gota de sangre”.

Se cantó un Te Deum.

Y comenzó la redacción de un documento que transformaría la historia política de la región:

el Acta de Independencia.

Uno de sus acuerdos fundamentales consistía en comunicar inmediatamente lo sucedido a las provincias.

La independencia tenía que viajar.

LA NOTICIA SALIÓ POR CORREOS EXTRAORDINARIOS

En 1821 no existían comunicaciones instantáneas.

La noticia debía atravesar caminos, montañas y ciudades dentro de una Capitanía General enorme.

Por eso el Acta dispuso el envío de comunicaciones a las provincias.

Y aquí comienza una parte de la historia que las conmemoraciones suelen simplificar.

Nicaragua no recibió la noticia el mismo 15 de septiembre.

Pasaron varios días.

Las decisiones tomadas en Guatemala tuvieron que llegar físicamente al territorio nicaragüense antes de que sus autoridades y poblaciones pudieran responder.

LEÓN: UNA RESPUESTA CONDICIONADA

Cuando la noticia llegó a la provincia, la reacción no fue uniforme.

En León, la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica adoptó el 28 de septiembre un documento que pasaría a la historia como el ACTA DE LOS NUBLADOS.

Su frase más famosa decía:

“hasta tanto que se aclaren los nublados del día”.

El documento reconocía la separación del gobierno español, pero dejaba abierta la definición política inmediata de la provincia mientras se aclaraba el futuro de la región.

No era un simple “no” a la independencia.

Era la expresión de una incertidumbre política real.

¿Qué forma de gobierno vendría después?

¿Debían las provincias mantenerse unidas?

¿Debían aproximarse al nuevo Imperio mexicano de Agustín de Iturbide?

¿Quién tendría autoridad legítima después de la ruptura con España?

En septiembre de 1821, ninguna de esas preguntas tenía todavía una respuesta definitiva. El Acta de los Nublados, emitida en León el 28 de septiembre, documenta precisamente esa incertidumbre. :contentReference[oaicite:0]{index=0}

GRANADA TOMÓ OTRO CAMINO

La recepción tampoco fue idéntica en todas las ciudades nicaragüenses.

Granada avanzó por una vía distinta y juró la independencia en octubre.

Así comenzó a hacerse visible algo que marcaría buena parte de la vida política posterior de Nicaragua:

León y Granada podían compartir un mismo territorio y, al mismo tiempo, interpretar de manera distinta el camino político que debía seguirse.

Por eso la independencia nicaragüense no puede explicarse solamente con una fecha.

Necesita un calendario.

15 DE SEPTIEMBRE:

la proclamación en Guatemala.

28 DE SEPTIEMBRE:

el Acta de los Nublados en León.

OCTUBRE:

los distintos juramentos y pronunciamientos de ciudades y pueblos nicaragüenses.

La independencia fue llegando.

Y cada comunidad tuvo que responder.

LA INDEPENDENCIA TAMBIÉN SE ESCUCHÓ

Los documentos no fueron la única forma en que la noticia se hizo pública.

También estuvieron las campanas.

La memoria histórica nicaragüense conserva referencias a campanas que repicaron cuando llegaron los pliegos anunciando la independencia.

El sonido convertía una decisión escrita y distante en una experiencia colectiva.

Una hoja podía viajar durante días.

Pero cuando llegaba, una campana podía anunciarla a todo un pueblo en segundos.

Por eso la independencia también tuvo un sonido.

SE FIRMÓ.

VIAJÓ.

SE REPICÓ.

Y en ese recorrido se encuentra una de las claves para comprender septiembre de 1821.

La independencia de Centroamérica no fue el instante congelado de una firma.

Fue un proceso de deliberaciones, comunicaciones, dudas, adhesiones y decisiones tomadas en diferentes ciudades.

El 15 de septiembre es la fecha que sintetiza ese proceso.

Pero la historia completa continúa después.

LA INDEPENDENCIA TUVO UN DÍA PARA LA MEMORIA

Y SEMANAS PARA HACERSE REALIDAD.

En esta edición especial de La Vasija queremos recordar precisamente eso:

que la historia patria es más rica cuando dejamos que los documentos conserven también sus matices.

Miguel Larreynaga estuvo allí.

El pueblo estuvo allí.

También estuvieron quienes dudaban, quienes se oponían y quienes pedían esperar.

Luego el Acta salió del salón.

Cruzó Centroamérica.

Llegó a Nicaragua.

Y comenzó otra historia.

Nuestra historia.

Fuentes

Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomos 4, 9, 22-23 y 40; documentación sobre el Acta de Independencia, Miguel Larreynaga, la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica, el Acta de los Nublados y la memoria de las campanas de la Independencia.

Redacción, recopilación y diseño: Lenin Espinoza