Soneto para bien morir
Una entrega a la muerte atravesada por la intimidad, la memoria y la voz poética.
No me apures, Señor, que ya me entrego;espera un poco mientras me acomodo:es en este morir tan nuevo todo,que siento en mí un fugaz desasosiego.
No es temor de la muerte; no es apegoa este cuerpo que hiciste con el lodo,pero quiero morirme yo a mi modo,haciendo que me muero como en juego.
Me tenderé en silencio mientras cuentas:uno, dos, tres, despacio, a ver, empieza,mas no apagues la luz tan de repente
que es difícil así buscar a tientasreposar en tus brazos mi cabeza:Ahora sí… uno, dos… qué suavemente.
Fuentes
El siglo de la poesía en Nicaragua, tomo II, pp. 90–91.
Pintura: Bayardo Gámez Montenegro.