Terebintos
La amargura y la pérdida de la fe en un diálogo del poeta con su alma.
Alma mía, tú no eres ya la misma.Sin luz y sin fraganciacruzaste la amargura del calvario,subiste con las carnes desgarradas,pasaron los tres díasy aún estás en la fosa, inanimada.No esperes que, sumida en el sepulcro,se levante tu lápida,y que, al cielo, como una mariposabeatífica te vayas.Es muy triste, alma mía, tu evangelio:has tenido caídas y lanzadas;muchas noches del huertoque tréboles brotaron a tus plantas;mucha hiel y vinagre;el pesado madero a las espaldas,y ninguna Verónica afligida,ni una Magdalena apasionada.Alma mía, tú no eres ya la misma.¡Ya quedaron muy lejos las mañanasen que fuiste como una religiosaebria de fe, resedas y campanas!
Fuentes
El siglo de la poesía en Nicaragua, Tomo I, p. 167
Pintura: Bayardo Gámez Montenegro