Todo puede sucederle a uno

David McField Richards

Poema

Un homenaje a David McField a través de su poema sobre la fragilidad humana, acompañado por la pintura de Leonel Vanegas.

Hay voces que atraviesan su tiempo y permanecen en la memoria de un pueblo. Voces que hicieron de la poesía un testimonio de identidad, una expresión de dignidad y una manera profundamente humana de comprender la existencia.

Hoy, Revista Cultural La Vasija dedica una edición especial de Versos de mi Nicaragua a la memoria del poeta, músico, docente y diplomático nicaragüense David McField Richards, fallecido el 29 de octubre de 2026.

Su partida representa una pérdida significativa para la literatura nacional y, especialmente, para la tradición cultural afrocaribeña de Nicaragua, de la cual fue uno de sus más reconocidos exponentes.

Nacido en El Rama, en la Costa Caribe nicaragüense, McField desarrolló una trayectoria literaria y cultural caracterizada por la defensa de la identidad, la sensibilidad social y una profunda conciencia de las experiencias humanas.

Su poesía contribuyó a ampliar los horizontes de nuestra literatura, incorporando con fuerza la presencia afrodescendiente, los ritmos y las voces del Caribe, así como las inquietudes de una sociedad marcada por profundas transformaciones históricas.

Entre sus publicaciones destacan Dios es negro (1967), En la calle de enmedio (1968), Poemas para el año del elefante (1970), Poemas populares (1972) y Los veinticuatro (1975).

Fue también integrante del movimiento cultural GRADAS y desarrolló una importante labor como educador y representante diplomático de Nicaragua. En reconocimiento a su trayectoria recibió, en 2019, la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío.

Su legado comprende una obra en la que la poesía, la música y la conciencia histórica establecieron un diálogo permanente con la realidad nicaragüense.

«todo puede sucederle a uno»

Para este homenaje hemos seleccionado una composición especialmente conmovedora por su reflexión sobre la incertidumbre, la fragilidad humana y el misterio de nuestra presencia en el mundo.

En «Todo puede sucederle a uno», David McField nos recuerda que ninguna seguridad material puede liberarnos de nuestra condición vulnerable.

Desde el primer verso, el poeta cuestiona las certezas con las que habitualmente intentamos proteger nuestra existencia. Las posesiones, los mecanismos de seguridad y las posiciones de poder aparecen desprovistos de la capacidad de garantizar lo esencial: la permanencia de la vida.

La expresión «Nuestra infinitesimal inseguridad» adquiere una dimensión universal. Ningún ser humano, independientemente de su posición, está completamente a salvo de la incertidumbre.

El poema desarrolla entonces una de sus imágenes más significativas: la comparación entre nuestra existencia y la hierba del campo.

La naturaleza se convierte en una metáfora del tiempo. Pasamos, permanecemos o desaparecemos mientras la vida continúa su movimiento.

En sus versos finales, McField introduce una reflexión de carácter filosófico y existencial, donde la memoria, el origen y la muerte se entrelazan en una interrogación sobre el significado de estar vivos.

La referencia a Adán amplía la experiencia individual hacia una dimensión simbólica de la humanidad, mientras la relación entre la muerte y la verdad plantea una inquietud que permanece abierta a la interpretación del lector.

El poema concluye con una afirmación breve, pero de extraordinaria intensidad:

«Esto es presencia.»

Estas palabras adquieren hoy una resonancia particularmente profunda.

Porque, aunque el poeta haya partido, su presencia continúa manifestándose en los libros que escribió, en las canciones que compuso y en la memoria cultural de Nicaragua.

El encuentro entre la pintura y la Poesía

Para esta edición conmemorativa hemos establecido un diálogo artístico entre la obra literaria de David McField y el universo pictórico del artista nicaragüense Leonel Vanegas.

La pintura seleccionada presenta una composición abstracta de gran intensidad visual, donde las formas blancas, los verdes minerales, las superficies oscuras y los acentos ocres construyen un espacio de profundas tensiones y contrastes.

Sus formas parecen surgir, desplazarse y transformarse dentro de una estructura que sugiere movimiento, permanencia y cambio.

Estas cualidades encuentran una correspondencia especialmente significativa con el poema de McField.

Mientras la palabra reflexiona sobre la naturaleza transitoria de la existencia, la pintura ofrece un universo donde las formas parecen permanecer suspendidas entre la aparición y la desaparición.

La relación entre ambas expresiones artísticas no pretende ilustrar literalmente los versos, sino ofrecer una interpretación visual de su dimensión filosófica.

En nuestra composición editorial, el retrato de David McField ocupa un lugar protagonista. Su mirada, su expresión y la serenidad de sus manos entrelazadas nos acercan a la dimensión humana del creador que hoy recordamos.

La pintura, la fotografía y la palabra se reúnen así para construir una pieza concebida como un homenaje a su vida y a su legado artístico.

Reconocemos también la contribución de Leonel Vanegas a las artes plásticas nicaragüenses, cuya obra enriquece esta publicación y permite establecer un nuevo encuentro entre dos lenguajes fundamentales de nuestra cultura.

La memoria de un Poeta que permanece

Desde Revista Cultural La Vasija expresamos nuestras más sinceras condolencias a la familia de David McField Richards, a sus amistades, a sus compañeros de creación y a las comunidades de la Costa Caribe nicaragüense.

Su fallecimiento nos recuerda la importancia de preservar, estudiar y difundir la obra de los escritores que han contribuido a construir nuestra identidad cultural.

David McField deja una trayectoria que merece continuar siendo leída por las nuevas generaciones, no solamente por su valor literario, sino también por su contribución al reconocimiento de la diversidad que enriquece a Nicaragua.

Esta entrega especial de Versos de mi Nicaragua es nuestra manera de agradecer su palabra y de reconocer el lugar que ocupa en la historia de nuestras letras.

Porque la literatura conserva algo profundamente humano: la posibilidad de que una voz continúe encontrándose con otras personas mucho después de que su autor haya partido.

Hoy despedimos al hombre, pero celebramos la permanencia de su obra.

Que sus versos sigan circulando entre los lectores, que sus libros continúen abriéndose y que su nombre permanezca unido a la riqueza cultural de nuestra nación.

La muerte puede interrumpir una vida, pero no necesariamente el diálogo que esa vida comenzó con el mundo.

Hasta siempre, maestro David McField.

Su palabra permanece. Su legado pertenece a la memoria literaria de Nicaragua.

Todo puede sucederle a uno.No es cierto que nadie puede abrir una caja fuerte.No es cierto que la vida se garantiza con unseguro de vida.Hay más.Nuestra infinitesimal inseguridadal igual que la de los presidentesestá en continuo acecho.Como la hierba del campo sin tantoverdorvamos pasando o quedándonosmientras todo nos pasa.Al fin hallamos que antes de llegar a nosotrosnuestra presencia en Adán era un recuerdodespués de lo otro.Es nuestra disposición;morirantes de nacer a la verdad.Al final, decimosAl dilá, allá será.Esto es presencia.

Fuentes

Poema: «Todo puede sucederle a uno», de David McField. Publicado también en La Prensa, sección Cultura, 11 de mayo de 2012.

David McField, «Todo puede sucederle a uno». Wani, n.º 10 (1991).

Pintura: Leonel Vanegas.

Lectura relacionada sobre David McField Richards: David McField: vida y obra de una voz del Caribe

Redacción de la presentación, recopilación y diseño: Lenin Espinoza